El siguiente
relato solo es producto de la imaginación, y algunos de los personajes,
igualmente.
Eran las
06:30 de esta mañana y el frío calaba los huesos. Como siempre, en cada carrera
y en cada partida, los integrantes del grupo TAF ya estábamos dispuestos en la
largada de una nueva carrera: una carrera extraña para quienes llegamos hasta
este sitio con la ilusión de participar y mejorar los tiempos, un nuevo reto
con condiciones climáticas desconocidas para nosotros, pero enfrentado con toda
la disposición.
Ya nos
habían dicho que en esta época del año el clima acá era así: mucho frío, pero
con la humedad de la cercanía al mar. Sonó el pistoletazo y allí, frente a las
instalaciones de Petroperú, se dio la largada. Quizás el inicio de una hazaña,
o tal vez, simplemente, cumplir con el recorrido y darle trámite.
Avanzamos
hacia el nororiente de la gran ciudad en busca de lo desconocido, o tal vez en
busca de la epopeya. Atrás quedó la Torre Barlovento; nos esperaban 42.195
kilómetros de sudor, cansancio y alegría.
Ya en el
parque de la felicidad conseguíamos los primeros cinco kilómetros y las
sensaciones eran agradables, a pesar de que la fría humedad nos atoraba la
garganta y había un poco de dificultad para respirar. Sin embargo, el frío no
nos era extraño, por las condiciones en las que habíamos entrenado casi 1.600
kilómetros para llegar acá.
En el km 10,
por la avenida Andrés Aramburú, ya estamos calentando y veo pasar la valla en
55'; qué rico ver una bandera colombiana en una ventana. Se me fue un suspiro,
pero hay que continuar.
Paso el km
21 y a la distancia observo a Soto, quien trata de alcanzar a Iván. Llevan un
paso fuerte, pero ya se les está volando Rubén. Y en la glorieta de atrás
alcancé a ver a Susana en compañía de Yobany Bustacara. ¡Qué buen paso y qué
buena sensación se siente en este momento! Justo en esta parte suena un
vallenato y se siente la nostalgia de mi tierra.
El olor del
mar es muy fuerte aquí, cuando nos dirigimos hacia la parte sur de la ciudad.
Es un lugar muy bonito que invita a correr con ganas. La energía nos acompaña y
comienza a dar fruto nuestro fuerte entrenamiento.
Llegamos al
km 30 y todavía hay fuerza en las piernas; apenas unos 40 metros me separan de
Soto, que lucha con Iván por mantenerse en carrera. En este punto de
hidratación nos dan también un banano, como en Medellín, y un gel. Ya llevamos
cerca de tres horas de esfuerzo, pero las piernas todavía tienen más.
En la parte
de atrás, en el contraflujo, vi pasar y saludé al Tigre; un poco más atrás pasó
David, y a lo lejos, entreverado con otros corredores, estaba la imagen de
Camilo; un poco más adelante, Roberto Ramírez. ¡Qué bonita experiencia, y qué
bacano se ve nuestro pequeño tricolor en el pecho, justo encima del número! Qué
buena idea esta banderita, porque nos han reconocido en varias partes y nos han
vitoreado en otras.
Ya nos vamos
para el final. Estamos por el km 38 y nuevamente se siente el aroma del mar,
aunque no lo vemos.
Bordeando el
Club de Lima llegamos al km 39 y se ve un pequeño aviso de la sede de la
embajada colombiana. Un grupo de personas está allí y ondea nuestra bandera.
¡Qué bonita nuestra bandera! Y pensando en ella, espero que a mis compañeros de
21 y 10 kilómetros les haya ido bien: a Yane, a Francy, a Roberto y a Hilda.
Se ve a lo
lejos el pulpo de la meta, después de haber pasado por el centro comercial
Camino Real. Pasamos la meta y terminó el reto. Como siempre, allí ya estaba
Yorvin, nuestro amigo. Tigre, descalzo, viene y da el abrazo. Sitey y Luz Mery
estiran un poco. Allí, en otro lado, estaban Germán y nuestra campeona
Angelita; junto a la tarima, Francis y la Paisanita, con Carlos y Pacho.
Se cumplió
el mandado, se cumplió la meta. Orlando ya celebra con una Cristal, Andrés dijo
que iba a gastar una botella de pisco, y Soto va a gastar los ceviches por
llegar de último, porque al final se despencó como la vaselina.
Así termina
este relato, producto de la imaginación: Lima 2020.
Nos
prepararemos para 2021 allá mismo, o en cualquier otro lugar que Dios nos
permita asistir.
A descansar,
porque el viaje de regreso es largo: vamos por Transportes Ormeño, por
carretera, porque están cerrados los aeropuertos y la teletransportación desde
el Perú no está permitida todavía.
¡Viva el
TAF! Dios bendiga al TAF.
Buena tarde
y se les quiere mucho.
Abrazo
virtual.
Escritor: Javier Merchan






.png)



.jpg)

