REPORTAJE ·
BICICLETA & TERRITORIO
Colombia el país que pedalea
El destino de cicloturismo más diverso de América Latina ya
existe. Solo falta que el mundo lo sepa — y que nosotros terminemos de
construirlo.
Por
Deivid Ice · Escritor deportivo, Bogotá, Colombia
En cuatro horas de pedal, en este país, puedes pasar del
páramo a la selva tropical. Ningún otro lugar en América Latina puede decir lo
mismo. Ninguno.
Hay una imagen que no me abandona desde que empecé a
investigar este artículo: la de un ciclista extranjero —holandés, dicen quienes
estuvieron— pedaleando solo por las carreteras del Eje Cafetero, entre
cafetales y guaduales, con el Nevado del Ruiz de fondo y una sonrisa que no
necesitaba traducción. Lo vi en una foto en redes sociales, sin contexto, sin
geotag. Pero lo entendí todo. Ese ciclista había encontrado lo que muchos
colombianos todavía no sabemos que tenemos.
Colombia lleva décadas exportando campeones
ciclistas al mundo —los Lucho Herrera, los Nairo Quintana, los Egan Bernal—
pero sigue sin exportar, con la misma contundencia, su territorio. Y ese
territorio es, sin hipérbole, uno de los más extraordinarios del planeta para
recorrer sobre dos ruedas. No lo digo como patriota sentimental. Lo digo como alguien
que ha seguido las cifras, las rutas certificadas, los proyectos de
infraestructura y, sobre todo, las historias de quienes ya lo han hecho.
COLOMBIA
EN CIFRAS
|
+1.000 km |
de
ciclorrutas construidas en las principales ciudades del país |
|
38 |
senderos de
cicloturismo identificados por ProColombia en todo el territorio |
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50 años |
lleva Bogotá
operando su Ciclovía dominical, referente mundial de movilidad activa |
|
4 horas |
de pedal para
pasar de páramo a selva tropical. Ningún país iguala eso. |
01
— GEOGRAFÍA
La ventaja que no elegimos pero debemos aprovechar
Cuando los expertos en turismo deportivo
hablan de los mejores destinos de cicloturismo del mundo, mencionan a Portugal
con su Rota Vicentina, a Holanda con sus pólders perfectamente planos, a Japón
con los caminos de cerezo de la isla de Shikoku. Son destinos espléndidos. Pero
ninguno de ellos puede ofrecer lo que Colombia ofrece casi sin intentarlo: la
posibilidad de pedalear en un solo día por ecosistemas radicalmente distintos,
cada uno más hermoso que el anterior.
La topografía colombiana, que los foráneos
miran con respeto y los ciclistas urbanos a veces maldicen, es en realidad el
activo más valioso del país para el cicloturismo. Los tres ramales de la
cordillera de los Andes que atraviesan el territorio de sur a norte crean una
red natural de rutas que ningún arquitecto podría diseñar: altiplanos a 2.600
metros, valles interandinos a 1.000, tierras calientes a 500 y costas a nivel
del mar, todo conectado por carreteras que en muchos tramos siguen siendo tan
estrechas, tan silenciosas, tan alejadas del tráfico pesado, que pedalear por
ellas se parece más a una meditación que a un deporte.
Colombia tiene algo que los grandes destinos europeos
llevan décadas intentando simular: autenticidad geográfica. Aquí los paisajes
no se cuidan para el turista. Simplemente existen.
El Eje Cafetero es, quizás, el ejemplo más
conocido y también el más irresistible. La ruta entre Salento y el Valle del
Cocora —con sus palmas de cera surrealistas apuntando al cielo como flechas
verdes— se ha convertido en referencia para ciclistas de ruta y de montaña por
igual. Pero el Eje es solo la puerta de entrada. Más al norte, el cañón del río
Cauca y las carreteras del suroeste antioqueño ofrecen un ciclismo de alta
dificultad y belleza proporcional. Más al sur, el Macizo Colombiano, donde
nacen cinco de los principales ríos del país, es un territorio casi virgen para
el cicloturismo, con senderos que aún esperan ser mapeados y nombrados.
02
— TRADICIÓN
Un país que lleva la bicicleta en la sangre
Colombia no llegó al cicloturismo desde el
diseño urbano. Llegó desde el deporte. Hay algo profundamente distinto en un
país cuya relación con la bicicleta no comenzó en un laboratorio de políticas
públicas sino en la montaña, con hombres delgados y duros que subían puertos
imposibles con zapatillas de cuero y voluntad de hierro. Los escarabajos, los
llamaban. Y ese apelativo lo dice todo: pequeños, resistentes, capaces de
cargar más peso del que parece razonable, imparables en la pendiente.
Esa tradición tiene consecuencias prácticas
muy concretas para el cicloturista que llega hoy a Colombia. En los municipios
del Altiplano Cundiboyacense, en los pueblos del Oriente Antioqueño, en las
veredas del Eje Cafetero, existe una cultura de respeto hacia el ciclista que
en muchos países desarrollados se ha construido a punta de multas y
señalización. Aquí es orgánica. El conductor de camión que reduce la velocidad
al ver una bicicleta no lo hace porque le teme a una cámara. Lo hace porque
recuerda que en su pueblo también hay alguien que pedalea.
Bogotá, por su parte, lleva cincuenta años
perfeccionando un modelo que el mundo entero ha intentado replicar sin éxito
total. La Ciclovía dominical —127 kilómetros de vías liberadas del carro cada
domingo desde las siete de la mañana— no es solo infraestructura. Es un ritual
colectivo, una declaración de identidad urbana, un espacio donde el médico del
norte de la ciudad comparte asfalto con el mensajero del sur y ninguno de los
dos lo percibe como un gesto político. Lo perciben como el domingo.
En
cifras: la cultura ciclista colombiana
La capital colombiana
superó 1.762.228 trayectos registrados en ciclovía recreativa solo hasta
octubre de 2024. El sistema EnCicla de Medellín, con más de 2.000 bicicletas
públicas y cinco estaciones renovadas entre 2024 y 2025, conecta ya con el
Metro de la ciudad. Manizales tiene 107 kilómetros de ciclorrutas en una ciudad
de montaña —lo que es, objetivamente, una hazaña de ingeniería y voluntad—.
Esto no es el punto de llegada. Es la base desde la que se puede construir algo
mucho más grande.
03
— RUTAS
Los caminos que ya existen y esperan ser recorridos
ProColombia —la agencia gubernamental de
promoción turística— ha identificado 38 senderos de cicloturismo en todo el
territorio, agrupados en cinco grandes rutas temáticas. Pero la realidad sobre
el terreno, como siempre, es más rica y más caótica que cualquier catálogo
oficial. Los mejores caminos de Colombia no siempre están en los folletos.
Están en la memoria de los ciclistas que los han recorrido y los han compartido
en grupos de WhatsApp y en plataformas como Wikiloc, donde la comunidad sigue
sumando rutas con una velocidad que ninguna institución pública podría igualar.
RUTAS
CON MAYOR POTENCIAL PARA EL CICLOTURISMO DE CLASE MUNDIAL
|
Quindío · Risaralda Salento —
Valle del Cocora — Filandia |
La ruta más
fotografiada de Colombia en bicicleta. Paisaje de palmas de cera, cafetales
centenarios y pueblos de arquitectura republicana. Apta para bicicleta de
ruta y MTB. |
|
Cundinamarca · Boyacá Ruta
Güecha — Suesca a La Calera |
Primera ruta
de cicloturismo de Colombia con certificación internacional IBMA. Paisaje de
páramo, sabana y cañones. Base ideal para una red regional más amplia. |
|
Antioquia Alto de
Las Palmas — Rionegro — La Ceja |
El circuito
clásico del ciclismo paisa. Media montaña con vistas al Valle de Aburrá.
Tráfico moderado, cultura ciclista alta, infraestructura de soporte en
crecimiento. |
|
Boyacá Paipa —
Sogamoso — Lago de Tota |
Altiplano
boyacense a 3.000 metros. Clima frío, carreteras poco transitadas, pueblos
con memoria ciclista profunda. El lago de Tota es el lago de agua dulce más
alto de Suramérica. |
|
Chocó · Antioquia Travesía
Medellín — Santa Fe — Chocó |
Ruta de
aventura que conecta el altiplano con la selva húmeda del Pacífico. Para
ciclistas con experiencia. Paisajes únicos en el continente. |
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Nariño Pasto — La
Cocha — Valle de Sibundoy |
Sur profundo
de Colombia. Laguna de La Cocha, el Valle de Sibundoy y comunidades indígenas
kamëntšá. Cicloturismo cultural en su expresión más pura. |
04
— ECOTURISMO
La bicicleta como forma de conocer lo que el carro no puede mostrar
El cicloturismo y el ecoturismo no son
categorías separadas en Colombia: son la misma cosa. Cuando vas en bicicleta
por una carretera rural del Huila o del Cauca, no solo estás viajando: estás
eligiendo el ritmo al que el paisaje tiene sentido. El carro pasa demasiado
rápido para ver la tonalidad exacta del verde del cafetal. La moto hace
demasiado ruido para escuchar el canto del pájaro carpintero en el guamo. La
bicicleta, en cambio, tiene la velocidad perfecta para que el territorio se
revele.
ProColombia ha entendido esto y ha empezado a
posicionar el cicloturismo como una oferta turística de alto valor. Pero el
verdadero potencial del ecoturismo en bicicleta está en algo que ninguna
agencia de gobierno puede crear artificialmente: las comunidades que ya viven
en esas rutas y que, con el acompañamiento correcto, pueden convertirse en
anfitrionas de una experiencia turística profunda y genuina.
El mejor punto de apoyo de una ruta de cicloturismo no es
el hotel cinco estrellas al final del camino. Es la tienda de vereda a mitad de
la subida, con el tendero que conoce todos los baches del siguiente tramo y te
los cuenta sin que se lo pidas.
Lo que Colombia necesita para capitalizar
este potencial es una infraestructura blanda: señalización bilingüe en las rutas
certificadas, puntos de descanso y reparación de bicicletas cada veinte
kilómetros, una plataforma digital con mapas descargables y niveles de
dificultad reales —no los que el funcionario de turismo estima desde su
oficina, sino los que el ciclista local conoce de memoria— y un sistema de
hospedaje rural que conecte a los cicloturistas con las familias campesinas. No
hay que inventar nada: Portugal lo hizo con la Rota Vicentina, Nueva Zelanda
con la Great Rides Network, Japón con los Shimanami Kaido. El modelo existe.
Solo falta adaptarlo al territorio más diverso del continente.
05
— DIAGNÓSTICO HONESTO
Lo que todavía nos frena
No sería un buen artículo —ni un artículo
honesto— si no señalara los problemas reales. Las barreras que frenan el
desarrollo del cicloturismo nacional no son menores y merecen nombrarse con
claridad.
Infraestructura
deteriorada
Según un estudio de la Universidad
Javeriana de 2023, el 55,7% de las señales de las ciclorrutas de Bogotá están
en mal estado. Si eso ocurre en la ciudad con mayor inversión ciclista del
país, imagina el estado de la señalización en los municipios.
Desconexión
intermunicipal
La infraestructura ciclista colombiana
es un archipiélago de islas urbanas que no se comunican entre sí. El proyecto
de la Red de Ciclorrutas de Cundinamarca —con una inversión de más de 100.000
millones de pesos— es la primera respuesta sistémica a este problema y su
entrega en 2025 será una prueba crucial.
Seguridad
vial
Construir kilómetros sin educar a los
otros actores viales es como instalar aceras sin semáforos. La bicicleta solo
será segura cuando el conductor de camión, el motociclista y el taxista la vean
como parte legítima del tráfico, no como un obstáculo.
06
— VISIÓN
La red que Colombia puede construir en diez años
Me atrevo a decir que en diez años, si las
decisiones correctas se toman en el nivel correcto, Colombia puede ser el
destino de cicloturismo más relevante de América Latina. No el más famoso,
porque la fama tarda. Sino el más relevante: el que los ciclistas serios buscan
cuando quieren algo que los demás destinos no pueden darles.
La arquitectura de esa red ya tiene sus
pilares. Bogotá como nodo de entrada, con su Ciclovía legendaria y sus
conexiones aéreas internacionales. El Eje Cafetero como corazón paisajístico y
cultural. Boyacá como territorio de alta montaña con memoria ciclista profunda.
El Pacífico y el Caribe como fronteras de aventura para los más audaces. Y en
el centro de todo, una red de carreteras secundarias y terciarias que ya existe
y que, con señalización, mantenimiento y hospitalidad organizada, puede
convertirse en el equivalente colombiano de los Caminos de Santiago.
La Gobernación de Cundinamarca ya empezó. La
IBMA ya certificó las primeras rutas. EnCicla en Medellín ya demostró que la
intermodalidad bici-metro es posible. Las comunidades de cicloturistas ya están
cartografiando el territorio en plataformas digitales con una velocidad que
ninguna institución podría igualar. Lo que falta no es el punto de partida. El
punto de partida ya está. Lo que falta es que alguien conecte los puntos con
una visión que sea tan ambiciosa como la geografía que tiene entre las manos.
Colombia ya pedalea. Ahora falta que
vuele.
Cada domingo en Bogotá, casi dos millones de trayectos al
año. Rutas certificadas en Cundinamarca. Cincuenta años de Ciclovía. Egan
Bernal ganando el Tour de Francia desde una vereda del Altiplano. Los ingredientes
están todos sobre la mesa. El país que le enseñó al mundo cómo subir montañas
en bicicleta tiene ahora la oportunidad de enseñarle cómo recorrerlas. Solo hay
que montarse. Solo hay que pedalear.
— Deivid Ice
Escritor deportivo
· Cuentos de Carreras ·
Bogotá, Colombia

