sábado, 13 de junio de 2026

Colombia el país que pedalea

 

 

REPORTAJE  ·  BICICLETA & TERRITORIO





Colombia el país que pedalea

El destino de cicloturismo más diverso de América Latina ya existe. Solo falta que el mundo lo sepa — y que nosotros terminemos de construirlo.

Por Deivid Ice  ·  Escritor deportivo, Bogotá, Colombia

 

En cuatro horas de pedal, en este país, puedes pasar del páramo a la selva tropical. Ningún otro lugar en América Latina puede decir lo mismo. Ninguno.

 

Hay una imagen que no me abandona desde que empecé a investigar este artículo: la de un ciclista extranjero —holandés, dicen quienes estuvieron— pedaleando solo por las carreteras del Eje Cafetero, entre cafetales y guaduales, con el Nevado del Ruiz de fondo y una sonrisa que no necesitaba traducción. Lo vi en una foto en redes sociales, sin contexto, sin geotag. Pero lo entendí todo. Ese ciclista había encontrado lo que muchos colombianos todavía no sabemos que tenemos.

Colombia lleva décadas exportando campeones ciclistas al mundo —los Lucho Herrera, los Nairo Quintana, los Egan Bernal— pero sigue sin exportar, con la misma contundencia, su territorio. Y ese territorio es, sin hipérbole, uno de los más extraordinarios del planeta para recorrer sobre dos ruedas. No lo digo como patriota sentimental. Lo digo como alguien que ha seguido las cifras, las rutas certificadas, los proyectos de infraestructura y, sobre todo, las historias de quienes ya lo han hecho.

 

COLOMBIA EN CIFRAS

+1.000 km

de ciclorrutas construidas en las principales ciudades del país

38

senderos de cicloturismo identificados por ProColombia en todo el territorio

50 años

lleva Bogotá operando su Ciclovía dominical, referente mundial de movilidad activa

4 horas

de pedal para pasar de páramo a selva tropical. Ningún país iguala eso.

 

01 — GEOGRAFÍA

La ventaja que no elegimos pero debemos aprovechar

Cuando los expertos en turismo deportivo hablan de los mejores destinos de cicloturismo del mundo, mencionan a Portugal con su Rota Vicentina, a Holanda con sus pólders perfectamente planos, a Japón con los caminos de cerezo de la isla de Shikoku. Son destinos espléndidos. Pero ninguno de ellos puede ofrecer lo que Colombia ofrece casi sin intentarlo: la posibilidad de pedalear en un solo día por ecosistemas radicalmente distintos, cada uno más hermoso que el anterior.

La topografía colombiana, que los foráneos miran con respeto y los ciclistas urbanos a veces maldicen, es en realidad el activo más valioso del país para el cicloturismo. Los tres ramales de la cordillera de los Andes que atraviesan el territorio de sur a norte crean una red natural de rutas que ningún arquitecto podría diseñar: altiplanos a 2.600 metros, valles interandinos a 1.000, tierras calientes a 500 y costas a nivel del mar, todo conectado por carreteras que en muchos tramos siguen siendo tan estrechas, tan silenciosas, tan alejadas del tráfico pesado, que pedalear por ellas se parece más a una meditación que a un deporte.

Colombia tiene algo que los grandes destinos europeos llevan décadas intentando simular: autenticidad geográfica. Aquí los paisajes no se cuidan para el turista. Simplemente existen.

El Eje Cafetero es, quizás, el ejemplo más conocido y también el más irresistible. La ruta entre Salento y el Valle del Cocora —con sus palmas de cera surrealistas apuntando al cielo como flechas verdes— se ha convertido en referencia para ciclistas de ruta y de montaña por igual. Pero el Eje es solo la puerta de entrada. Más al norte, el cañón del río Cauca y las carreteras del suroeste antioqueño ofrecen un ciclismo de alta dificultad y belleza proporcional. Más al sur, el Macizo Colombiano, donde nacen cinco de los principales ríos del país, es un territorio casi virgen para el cicloturismo, con senderos que aún esperan ser mapeados y nombrados.

02 — TRADICIÓN

Un país que lleva la bicicleta en la sangre

Colombia no llegó al cicloturismo desde el diseño urbano. Llegó desde el deporte. Hay algo profundamente distinto en un país cuya relación con la bicicleta no comenzó en un laboratorio de políticas públicas sino en la montaña, con hombres delgados y duros que subían puertos imposibles con zapatillas de cuero y voluntad de hierro. Los escarabajos, los llamaban. Y ese apelativo lo dice todo: pequeños, resistentes, capaces de cargar más peso del que parece razonable, imparables en la pendiente.

Esa tradición tiene consecuencias prácticas muy concretas para el cicloturista que llega hoy a Colombia. En los municipios del Altiplano Cundiboyacense, en los pueblos del Oriente Antioqueño, en las veredas del Eje Cafetero, existe una cultura de respeto hacia el ciclista que en muchos países desarrollados se ha construido a punta de multas y señalización. Aquí es orgánica. El conductor de camión que reduce la velocidad al ver una bicicleta no lo hace porque le teme a una cámara. Lo hace porque recuerda que en su pueblo también hay alguien que pedalea.

Bogotá, por su parte, lleva cincuenta años perfeccionando un modelo que el mundo entero ha intentado replicar sin éxito total. La Ciclovía dominical —127 kilómetros de vías liberadas del carro cada domingo desde las siete de la mañana— no es solo infraestructura. Es un ritual colectivo, una declaración de identidad urbana, un espacio donde el médico del norte de la ciudad comparte asfalto con el mensajero del sur y ninguno de los dos lo percibe como un gesto político. Lo perciben como el domingo.

En cifras: la cultura ciclista colombiana

La capital colombiana superó 1.762.228 trayectos registrados en ciclovía recreativa solo hasta octubre de 2024. El sistema EnCicla de Medellín, con más de 2.000 bicicletas públicas y cinco estaciones renovadas entre 2024 y 2025, conecta ya con el Metro de la ciudad. Manizales tiene 107 kilómetros de ciclorrutas en una ciudad de montaña —lo que es, objetivamente, una hazaña de ingeniería y voluntad—. Esto no es el punto de llegada. Es la base desde la que se puede construir algo mucho más grande.

 

03 — RUTAS

Los caminos que ya existen y esperan ser recorridos

ProColombia —la agencia gubernamental de promoción turística— ha identificado 38 senderos de cicloturismo en todo el territorio, agrupados en cinco grandes rutas temáticas. Pero la realidad sobre el terreno, como siempre, es más rica y más caótica que cualquier catálogo oficial. Los mejores caminos de Colombia no siempre están en los folletos. Están en la memoria de los ciclistas que los han recorrido y los han compartido en grupos de WhatsApp y en plataformas como Wikiloc, donde la comunidad sigue sumando rutas con una velocidad que ninguna institución pública podría igualar.

 

RUTAS CON MAYOR POTENCIAL PARA EL CICLOTURISMO DE CLASE MUNDIAL

Quindío · Risaralda

Salento — Valle del Cocora — Filandia

La ruta más fotografiada de Colombia en bicicleta. Paisaje de palmas de cera, cafetales centenarios y pueblos de arquitectura republicana. Apta para bicicleta de ruta y MTB.

Cundinamarca · Boyacá

Ruta Güecha — Suesca a La Calera

Primera ruta de cicloturismo de Colombia con certificación internacional IBMA. Paisaje de páramo, sabana y cañones. Base ideal para una red regional más amplia.

Antioquia

Alto de Las Palmas — Rionegro — La Ceja

El circuito clásico del ciclismo paisa. Media montaña con vistas al Valle de Aburrá. Tráfico moderado, cultura ciclista alta, infraestructura de soporte en crecimiento.

Boyacá

Paipa — Sogamoso — Lago de Tota

Altiplano boyacense a 3.000 metros. Clima frío, carreteras poco transitadas, pueblos con memoria ciclista profunda. El lago de Tota es el lago de agua dulce más alto de Suramérica.

Chocó · Antioquia

Travesía Medellín — Santa Fe — Chocó

Ruta de aventura que conecta el altiplano con la selva húmeda del Pacífico. Para ciclistas con experiencia. Paisajes únicos en el continente.

Nariño

Pasto — La Cocha — Valle de Sibundoy

Sur profundo de Colombia. Laguna de La Cocha, el Valle de Sibundoy y comunidades indígenas kamëntšá. Cicloturismo cultural en su expresión más pura.

 

04 — ECOTURISMO

La bicicleta como forma de conocer lo que el carro no puede mostrar

El cicloturismo y el ecoturismo no son categorías separadas en Colombia: son la misma cosa. Cuando vas en bicicleta por una carretera rural del Huila o del Cauca, no solo estás viajando: estás eligiendo el ritmo al que el paisaje tiene sentido. El carro pasa demasiado rápido para ver la tonalidad exacta del verde del cafetal. La moto hace demasiado ruido para escuchar el canto del pájaro carpintero en el guamo. La bicicleta, en cambio, tiene la velocidad perfecta para que el territorio se revele.

ProColombia ha entendido esto y ha empezado a posicionar el cicloturismo como una oferta turística de alto valor. Pero el verdadero potencial del ecoturismo en bicicleta está en algo que ninguna agencia de gobierno puede crear artificialmente: las comunidades que ya viven en esas rutas y que, con el acompañamiento correcto, pueden convertirse en anfitrionas de una experiencia turística profunda y genuina.

El mejor punto de apoyo de una ruta de cicloturismo no es el hotel cinco estrellas al final del camino. Es la tienda de vereda a mitad de la subida, con el tendero que conoce todos los baches del siguiente tramo y te los cuenta sin que se lo pidas.

Lo que Colombia necesita para capitalizar este potencial es una infraestructura blanda: señalización bilingüe en las rutas certificadas, puntos de descanso y reparación de bicicletas cada veinte kilómetros, una plataforma digital con mapas descargables y niveles de dificultad reales —no los que el funcionario de turismo estima desde su oficina, sino los que el ciclista local conoce de memoria— y un sistema de hospedaje rural que conecte a los cicloturistas con las familias campesinas. No hay que inventar nada: Portugal lo hizo con la Rota Vicentina, Nueva Zelanda con la Great Rides Network, Japón con los Shimanami Kaido. El modelo existe. Solo falta adaptarlo al territorio más diverso del continente.

05 — DIAGNÓSTICO HONESTO

Lo que todavía nos frena

No sería un buen artículo —ni un artículo honesto— si no señalara los problemas reales. Las barreras que frenan el desarrollo del cicloturismo nacional no son menores y merecen nombrarse con claridad.

 

Infraestructura deteriorada

Según un estudio de la Universidad Javeriana de 2023, el 55,7% de las señales de las ciclorrutas de Bogotá están en mal estado. Si eso ocurre en la ciudad con mayor inversión ciclista del país, imagina el estado de la señalización en los municipios.

Desconexión intermunicipal

La infraestructura ciclista colombiana es un archipiélago de islas urbanas que no se comunican entre sí. El proyecto de la Red de Ciclorrutas de Cundinamarca —con una inversión de más de 100.000 millones de pesos— es la primera respuesta sistémica a este problema y su entrega en 2025 será una prueba crucial.

Seguridad vial

Construir kilómetros sin educar a los otros actores viales es como instalar aceras sin semáforos. La bicicleta solo será segura cuando el conductor de camión, el motociclista y el taxista la vean como parte legítima del tráfico, no como un obstáculo.

 

06 — VISIÓN

La red que Colombia puede construir en diez años

Me atrevo a decir que en diez años, si las decisiones correctas se toman en el nivel correcto, Colombia puede ser el destino de cicloturismo más relevante de América Latina. No el más famoso, porque la fama tarda. Sino el más relevante: el que los ciclistas serios buscan cuando quieren algo que los demás destinos no pueden darles.

La arquitectura de esa red ya tiene sus pilares. Bogotá como nodo de entrada, con su Ciclovía legendaria y sus conexiones aéreas internacionales. El Eje Cafetero como corazón paisajístico y cultural. Boyacá como territorio de alta montaña con memoria ciclista profunda. El Pacífico y el Caribe como fronteras de aventura para los más audaces. Y en el centro de todo, una red de carreteras secundarias y terciarias que ya existe y que, con señalización, mantenimiento y hospitalidad organizada, puede convertirse en el equivalente colombiano de los Caminos de Santiago.

La Gobernación de Cundinamarca ya empezó. La IBMA ya certificó las primeras rutas. EnCicla en Medellín ya demostró que la intermodalidad bici-metro es posible. Las comunidades de cicloturistas ya están cartografiando el territorio en plataformas digitales con una velocidad que ninguna institución podría igualar. Lo que falta no es el punto de partida. El punto de partida ya está. Lo que falta es que alguien conecte los puntos con una visión que sea tan ambiciosa como la geografía que tiene entre las manos.

 

 

Colombia ya pedalea. Ahora falta que vuele.

Cada domingo en Bogotá, casi dos millones de trayectos al año. Rutas certificadas en Cundinamarca. Cincuenta años de Ciclovía. Egan Bernal ganando el Tour de Francia desde una vereda del Altiplano. Los ingredientes están todos sobre la mesa. El país que le enseñó al mundo cómo subir montañas en bicicleta tiene ahora la oportunidad de enseñarle cómo recorrerlas. Solo hay que montarse. Solo hay que pedalear.

 

— Deivid Ice

Escritor deportivo  ·  Cuentos de Carreras  ·  Bogotá, Colombia









 

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