Imagina esta escena: en una ciudad que flota en su
propio tesoro subterráneo de agua dulce, las grandes empresas industriales
sacan agua a precio de risa, mientras que tú, querido ciudadano, pagas como si
cada gota estuviera enmarcada en oro. Bienvenidos a Bogotá, donde Postobón,
Grasco, Textilia, Tintorería Asitex y otras grandes firmas tienen su propio
*Black Friday* perpetuo del agua subterránea. ¿Cuánto pagan ellas? Apenas 28 pesitos
por metro cúbico, menos de lo que te cuesta un tinto en la esquina. ¿Y tú?
Cerca de 1.500 pesos. Y luego dicen que la vida es injusta.
Uno podría pensar que la Alcaldía de Bogotá y el
Acueducto deberían estar vigilando de cerca esta situación. Pues, resulta que
no. El control de las concesiones del agua subterránea es tan laxo que parece
que solo se preocupan por que las tuberías no exploten... hasta que exploten.
Las empresas sacan agua sin que nadie pestañee, y mientras tanto, el suelo de
la ciudad comienza a ceder. Sí, amigos, el subsuelo se está hundiendo en
lugares como Puente Aranda, pero no se preocupen, que a las industrias no les
afecta tanto. ¿Quién necesita un suelo firme cuando tienes pozos infinitos de
agua barata?
Claro, es natural que en tiempos de escasez, las
empresas necesiten extraer agua subterránea para sostener sus operaciones. Pero
lo que no es natural (ni moral) es que estas compañías parezcan tener más
acceso al agua que los propios ciudadanos. En una ciudad que celebra sus reservas
de agua como si fuera un logro personal, la realidad es que mientras más
bombeamos, más rápido desaparece el recurso. Ah, pero qué importa,
¡siempre podemos rezar por más lluvias!
No podemos olvidar a la Secretaría de Ambiente y sus
*heroicos* intentos de regulación. Parece que están más ocupados en crear
documentos técnicos sobre el agua subterránea que en detener la
sobreexplotación. Es un clásico en el que las palabras bonitas reemplazan a la
acción. Y mientras tanto, ¿quién se beneficia? Las grandes industrias. Así es:
el agua fluye, pero el control... ni se ve.
Al final, uno tiene que preguntarse si el verdadero
tesoro subterráneo de Bogotá es el agua o la indiferencia institucional.
Porque, mientras que nosotros nos hundimos (literalmente), las empresas
continúan extrayendo, y el precio real lo pagamos todos. Pero tranquilo, que el
Acueducto ya debe estar preparando otro informe para tranquilizarnos.
La próxima vez que tomes un vaso de agua,
reflexiona: ¿quién tiene la llave de los acuíferos de Bogotá y cuánto te cuesta
a ti ese privilegio?
Fuentes de información:
RTVC Noticias
EL ESPECTADOR
Secretaria de ambiente Bogotá
Guillermo Ávila
Ingeniero y profesor Universidad Nacional
Creador de Contenidos:

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