jueves, 17 de septiembre de 2026

HISTORIAS COLOR TAF 05: Lima 2020, la maratón que corrimos con la imaginación

 



El siguiente relato solo es producto de la imaginación, y algunos de los personajes, igualmente.

Eran las 06:30 de esta mañana y el frío calaba los huesos. Como siempre, en cada carrera y en cada partida, los integrantes del grupo TAF ya estábamos dispuestos en la largada de una nueva carrera: una carrera extraña para quienes llegamos hasta este sitio con la ilusión de participar y mejorar los tiempos, un nuevo reto con condiciones climáticas desconocidas para nosotros, pero enfrentado con toda la disposición.

Ya nos habían dicho que en esta época del año el clima acá era así: mucho frío, pero con la humedad de la cercanía al mar. Sonó el pistoletazo y allí, frente a las instalaciones de Petroperú, se dio la largada. Quizás el inicio de una hazaña, o tal vez, simplemente, cumplir con el recorrido y darle trámite.

Avanzamos hacia el nororiente de la gran ciudad en busca de lo desconocido, o tal vez en busca de la epopeya. Atrás quedó la Torre Barlovento; nos esperaban 42.195 kilómetros de sudor, cansancio y alegría.

Ya en el parque de la felicidad conseguíamos los primeros cinco kilómetros y las sensaciones eran agradables, a pesar de que la fría humedad nos atoraba la garganta y había un poco de dificultad para respirar. Sin embargo, el frío no nos era extraño, por las condiciones en las que habíamos entrenado casi 1.600 kilómetros para llegar acá.

En el km 10, por la avenida Andrés Aramburú, ya estamos calentando y veo pasar la valla en 55'; qué rico ver una bandera colombiana en una ventana. Se me fue un suspiro, pero hay que continuar.

Paso el km 21 y a la distancia observo a Soto, quien trata de alcanzar a Iván. Llevan un paso fuerte, pero ya se les está volando Rubén. Y en la glorieta de atrás alcancé a ver a Susana en compañía de Yobany Bustacara. ¡Qué buen paso y qué buena sensación se siente en este momento! Justo en esta parte suena un vallenato y se siente la nostalgia de mi tierra.

El olor del mar es muy fuerte aquí, cuando nos dirigimos hacia la parte sur de la ciudad. Es un lugar muy bonito que invita a correr con ganas. La energía nos acompaña y comienza a dar fruto nuestro fuerte entrenamiento.

Llegamos al km 30 y todavía hay fuerza en las piernas; apenas unos 40 metros me separan de Soto, que lucha con Iván por mantenerse en carrera. En este punto de hidratación nos dan también un banano, como en Medellín, y un gel. Ya llevamos cerca de tres horas de esfuerzo, pero las piernas todavía tienen más.

En la parte de atrás, en el contraflujo, vi pasar y saludé al Tigre; un poco más atrás pasó David, y a lo lejos, entreverado con otros corredores, estaba la imagen de Camilo; un poco más adelante, Roberto Ramírez. ¡Qué bonita experiencia, y qué bacano se ve nuestro pequeño tricolor en el pecho, justo encima del número! Qué buena idea esta banderita, porque nos han reconocido en varias partes y nos han vitoreado en otras.

Ya nos vamos para el final. Estamos por el km 38 y nuevamente se siente el aroma del mar, aunque no lo vemos.

Bordeando el Club de Lima llegamos al km 39 y se ve un pequeño aviso de la sede de la embajada colombiana. Un grupo de personas está allí y ondea nuestra bandera. ¡Qué bonita nuestra bandera! Y pensando en ella, espero que a mis compañeros de 21 y 10 kilómetros les haya ido bien: a Yane, a Francy, a Roberto y a Hilda.

Se ve a lo lejos el pulpo de la meta, después de haber pasado por el centro comercial Camino Real. Pasamos la meta y terminó el reto. Como siempre, allí ya estaba Yorvin, nuestro amigo. Tigre, descalzo, viene y da el abrazo. Sitey y Luz Mery estiran un poco. Allí, en otro lado, estaban Germán y nuestra campeona Angelita; junto a la tarima, Francis y la Paisanita, con Carlos y Pacho.

Se cumplió el mandado, se cumplió la meta. Orlando ya celebra con una Cristal, Andrés dijo que iba a gastar una botella de pisco, y Soto va a gastar los ceviches por llegar de último, porque al final se despencó como la vaselina.

Así termina este relato, producto de la imaginación: Lima 2020.

Nos prepararemos para 2021 allá mismo, o en cualquier otro lugar que Dios nos permita asistir.

A descansar, porque el viaje de regreso es largo: vamos por Transportes Ormeño, por carretera, porque están cerrados los aeropuertos y la teletransportación desde el Perú no está permitida todavía.

¡Viva el TAF! Dios bendiga al TAF.

Buena tarde y se les quiere mucho.

Abrazo virtual.

Escritor: Javier Merchan


Tienda Virtual Dana Ice




 

viernes, 11 de septiembre de 2026

HISTORIAS COLOR TAF 04

 



Recordar es vivir... eso dicen, y por acá estamos nuevamente para vivir otro poquito de nuestros recuerdos. De esa forma nos acercamos a esos sitios donde fuimos felices en su momento. Bien lo dice una de las canciones de Mercedes Sosa, "Canción de las simples cosas". Se la recomiendo. Y hay una parte que dice: "uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida". Y lo digo porque durante ese año amé la vida, compartiendo con todos ustedes entrenos y pruebas.

Pero hoy quiero hacer un homenaje a las compañeras que en ese momento fui conociendo en los caminos.

El día anterior, en gran demostración de calidad y esfuerzo, una guerrera nuestra corrió con nosotros en Tibacuy: Mile, mi admiración y respeto.

Al llegar al parque había un grupo pequeño de mujeres aguerridas que hacían parte de este colectivo. De hecho, cuando nosotros apenas nos estábamos recuperando del esfuerzo del día anterior, en el municipio de Chía se realizaba su prueba estandarte: la San Silvestre. Y allí, junto con los compañeros, había una delegación de guerreras.

Sí, en ese lugar estaban, entre otras, nuestra campeona de mil batallas; creo que ni ella sabe cuántas veces se ha subido en los cajones de los primeros lugares. Saludo para Angelita, que nos ha enseñado que "de la mano de Dios, todo es posible". También estaban allí quienes son el homenaje al trabajo: la Paisanita y Sandra. Creo que había algunas más, pero de eso no supe.

Lo que sí supe fue que, en el transcurso del tiempo que entrenábamos, se veía la pasión con la que cada una de ellas hacía su mejor esfuerzo. Janeth, Ingrid, Marley y Andrea son las que más recuerdo de ese tiempo, cada una con sus diferentes capacidades, incluso superando a muchos de nosotros.

Seguro estoy de que son muy fuertes, de que logran lo que se proponen y de que el dolor no les importa, tal como lo demuestra Susana en cada entreno y carrera.

Son muy especiales, y con su determinación y disciplina nos dan ejemplo de que nunca debemos rendirnos: si son capaces del milagro de la vida, son capaces de cualquier cosa.

Dios bendiga a las guerreras del grupo.

Solo me falta decirles que la vida es muy bella y que, cuando pase todo esto, vamos a volver a los viejos sitios donde hemos amado la vida.

Un abrazo para todos. Dios los bendiga a todos, Dios bendiga al TAF.

Escritor: Javier Merchan


TIENDA VIRTUAL DANA ICE





 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Historias color TAF 03

 


Muy buenas, familia TAF. Espero que se encuentren bien y, para salirnos un poco de las noticias del covid, volvamos a nuestra historia.

Pensaba que después de Medellín ya era todo por ese año, pero el grupo TAF es dinámico, es activo y no da tregua.

En la siguiente semana ya el maestro campeón Luis Martín Bonilla, que había tenido una excelente carrera en la maratón, estaba corriendo otra vez, esta vez en la media maratón del Sisga. Primer puesto, con lujo de detalles: premio a su disciplina y constancia, premio a su dedicación.

Se pasó esa semana y empezaron a planear "San Silvestre en Tibacuy". En cabeza de Camilo, Willson, Roberto y Luis Martín, se cranearon ese reto.

Casi nada. Lo máximo que había corrido eran los veintiún kilómetros de una media maratón, y ahora treinta, en montaña. Estaban locos. Sí, definitivamente. Pero comenzó el proceso y entrenaba en la montaña, le dábamos duro y la mente estaba puesta allá. Hubo un pequeño receso para participar en el duatlón de integración que organiza otro referente del grupo, Moisés, que con su experiencia y ejemplo de campeón nos anima y entusiasma a continuar con la unión.

Y se llegó el día, sí señor. Después de la travesía de casi cinco horas desde Bogotá, por fin llegamos al Boquerón. Estaba fresco el día porque había llovido en la noche. Afortunadamente, porque no sabía lo que nos esperaba.

Desde la arrancada va para arriba. Por el kilómetro seis, aproximadamente, alcancé a Yorvin. Lo había visto poco, casi no lo conocía, pero ahí comencé a conocerlo. Ya iba con calambres, pero hasta la meta demostró su coraje, pundonor y tesón. En el camino vimos a lo lejos cómo un campesino masajeaba a un atleta en un mesón. Pensamos que era Soto, pero cuando nos acercamos vimos que preparaba un lechón para fin de año.

Llegamos hasta Cumaca, el lugar donde nuestro compañero Marcos monta una mesa año tras año para hidratar y alimentar a los corredores del TAF.

Ya casi no había nada porque hasta las papas las acabó Darío, quien es un combo metido en un solo Tigre, lleno de fortaleza, nobleza y generosidad.

Terminamos la carrera y en la meta nos recibieron Tigre y Roberto con frascos de hidratación. Pasamos por el almuerzo y quedamos en volver. Completé treinta kilómetros por primera vez, y ese día reafirmé la idea que había nacido en la casa de Janier: correr una maratón. Regresamos a la casa después de compartir un rato con los compañeros.

También ese día comprendí que correr es un modo de vida rudo, que le arranca a quien lo hace lo mejor que tiene: su fortaleza, su paciencia, su resistencia y, sobre todo, su capacidad para soportar el dolor.

Regresé satisfecho y le di gracias a Dios por permitirme realizar esta actividad y poder compartir con personas tan valiosas. GRACIAS DIOS... GRACIAS TAF

Escritor: Javier Merchan 


DANA ICE



 

HISTORIAS COLOR TAF 05: Lima 2020, la maratón que corrimos con la imaginación

  El siguiente relato solo es producto de la imaginación, y algunos de los personajes, igualmente. Eran las 06:30 de esta mañana y el fr...